Pablo Motos, el amigo de los niños

Pablo Motos es un artista polifacético (canta, compone, toca la guitarra, escribe, dirige y no sé cuantas cosas más, todo esto desde que se reformó como dice él) que lleva años trabajando y podríamos decir que tiene el culo pelado pero, aún así, parece que le cuesta diferenciar entre lo que es apropiado y lo que no. Y me explico.

Evidentemente me estoy refiriendo al accidente ocurrido en la emisión de El Hormiguero de esta noche, en la que se les ocurrió simular el fallo de un truco de magia que acababa con la cabeza de Dani Martín en una cesta. La broma no es nada del otro mundo, y de hecho el truco es bastante burdo y todos sobreactúan muchísimo. Ese no es el problema. Lo que pasa es que Pablo Motos y su equipo parece que no tienen claro que su programa, aunque les pese a veces, lo ven sobre todo los niños.

Tal vez si hubiesen aclarado al momento el tema todo hubiese quedado como una anécdota más, pero que apareciese el presentador con cara seria tras seis minutos de anuncios diciendo que algo había ido mal y que mañana lo aclararían no hace más echar leña al fuego. ¿Pero para qué? Si piensan que lo están haciendo tan bien como para que sea creíble es cruel, pero si por contra consideran que todo el mundo se dará cuenta de que es una broma me parece ridículo. Los chistes o se ríen en el momento o no se ríen.

Es bien sabido que El Hormiguero es uno de los pocos programas (por no decir el único) que apenas sufre al enfrentarse al fútbol intersemanal gracias a sus incondicionales fans infantiles. Cuando el programa se estrenó allá por 2006, intentaron hacer algo para toda la familia que se reunía frente al televisor los domingos por la tarde mientras hacían la digestión y pronto se dieron cuenta de que el auténtico filón estaba en el público infantil.

Esos niños, que supuestamente dicen frases superingeniosas que dan para vender libros, importan cuando piden peluches, mochilas y libretas de Trancas y Barrancas por Navidad, pero no tanto cuando les pueden fastidiar una buena broma. Y no me vale la excusa de que se ven cosas mucho peores en los informativos porque dudo que ningún padre en su sano juicio deje a su hijo delante de la televisión durante un informativo mientras se emite el video del linchamiento a Gaddafi. Y si es así, que se lo haga mirar.

Vaya por delante que yo no soy partidaria del llamado horario infantil o franjas de protección reforzada porque, ahora más que nunca, no tiene ningún sentido delimitar cuándo se pueden decir tacos o se pueden emitir imágenes violentas porque ahora vemos la televisión cuándo y cómo nos da la gana, pero sí creo en las líneas editoriales y los públicos objetivos.

Motos está en su derecho de hacer lo que crea conveniente con su programa para llamar la atención, y no me importa que (ab)usen del humor caca, pedo, culo, pis, porque entiendo que no soy su público objetivo (yo soy más de El Intermedio). Pero eso si, que paren de autoproclamarse como el único programa blanco de entretenimiento para toda la familia. Parece mentira pero yo, que me he criado con la televisión y sin demasiadas restricciones, tengo cada vez más claro que los comunicadores deben tener muy claro a quién se dirigen y ser responsables de lo que hacen.

Está claro que la broma no tendrá mayores consecuencias, y como mucho les tocarán la cresta (aunque sea de puertas para fuera) y se disculparán mañana diciendo que no esperaban tanta repercusión mientras muestran titulares o incluso la entrada de la Wikipedia modificada (seguramente por un redactor). Mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa, pero El Hormiguero es Trending Topic. Bravo. Que os aproveche.

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